Facundo Batista: ¿Dónde estaba Dios?

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Hay un micro de la segunda temporada del genial programa "Filosofía aquí y ahora", de José Pablo Feinmann, que se llama ¿Dónde estaba Dios?. Lo pueden ver acá, pero les transcribo el texto, que es cortito...

    En el tema de Auschwitz está el tema de Dios.

    Es un tema muy muy complejo, y más de un teólogo se pone de muy mal humor cuando se menciona el tema de Dios con respecto a Auschwitz, pero más de un filósofo ha preguntado ¿dónde estaba Dios en Auschwitz?

    E incluso Primo Levi, que es el gran escritor judío, que escribe "Si esto es un hombre", "Los hundidos y los salvados"... dice "Existe Auschwitz, no existe Dios".

    Y Karl Löwith, que también es un gran pensador judío, discípulo de Heidegger, dice "Luego de Auschwitz es imposible pensar un Dios totalmente bueno".

    Es muy contundente, todo esto. Hay un tango, incluso, genial, que dice "¿dónde estaba Dios cuando te fuiste?". O sea, nuestra tanguística es tan excepcional que puede ser comparada con los grandes filósofos del siglo XX.

    Es lo mismo, ¿dónde estaba Dios cuando te fuiste?.

Y como cierre, tenemos al Chino Laborde, invitado de Demoliendo Tangos, interpretando, justamente, "Canción desesperada", de Enrique Santos Discépolo.

Alejandro Santos: Shut up and calculate!

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Sin contenido

Joaquin Tita: Argentina - Suiza

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Manuel Kaufmann (Humitos): Voalá

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Hace ya un tiempo que quiero mostrarle un truco en el trompo al Chemma, mi amigo y compañero de malabares por los medio días. El problema es que no tenía ninguna forma de filmarlo.

Hoy, aprovechando que me encontré con mi amigo Suizo (que conocí en Mina Clavero en la Quebrada de los Condoritos) tiene una Nikon D90 y filma, le pedí que me grabe un par de videos así los publicaba y podía mostrarle al Chemma que el truco que habíamos empezado a practicar antes de que salga de viaje, está cocinado (miralo maximizado):

Después, metí un par de trucos más aprovechando la volada: "El Puente"

... el "Equilibrio en el dedo"

... y "La Cazada al Vuelo"

Manuel Kaufmann (Humitos): Riesgo de muerte

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Tuve miedo. De verdad.

Salí de Merlo, San Luis, cerca de las 10 de la mañana con destino a San Luis, San Luis. La idea era hacer una ruta que me habían recomendado por Twitter cuando pregunté qué había para hacer yendo para ese lado. El que se jugó fue @gilgamezh y gracias a él casi perdemos un "humitos" en el camino ;)

Toda la parte limítrofe con Córdoba es hermosa, muy lindos paisajes y pueblitos que fui pasando. De hecho, en algunos entraba porque estaba buscando una estación de servicio que funcione con débito: ¿podés creer que todavía hay muchas que NO aceptan? Incluso, las YPF que son del pueblo :P

Cuando llegué a la parte dónde me habían dicho que se ponía copado, no era solo copado sino que era EXTREMO también. Balizas, limpia parabrisas, luces bajas y antiniebla, calefacción en 103% y mucha caca encima. No se veía nada de nada. No se sabía si tenía que seguir derecho o simplemente se terminaba la calle y tenía que saltar por el aire:

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Así manejé varios kilómetros hasta llegar a la cima de la montaña

Le metí pata lo más que pude. Bah, pata... Iba a 20 o a 30 Km/h. No se podía ir a más que eso. Incluso a esa velocidad, por ahí me aparecían unas curvas muy pronunciadas (en U y en subida) que no se veían y me obligaban a frenar. No podía crear en dónde estaba. Literlamente adentro de las nubes, solo, con agua y comida y bastante nafta por suerte. Yo ya me venía haciendo la cabeza de que se podía llegar a poner peor y tener que pasar una noche ahí. Igualmente, tenía todo lo necesario como para tirar el auto a un costado, cocinar algo en la garrafita y ver qué onda al día siguiente.

Bajé un par de veces a sacar fotos, ya que no podía creer lo que "no estaba viendo" y por otro lado me ponía un poco mal. Tenía miedo. La montaña era intermiable y yo seguía subiendo y viendo carteles de tránsito advirtiendo de los derrumbes, sumado a que había varias piedras en el medio de la ruta (otra cosa que veía cuando las tenía AHÍ y tenía que frenar).

Estaba un poco nervioso, exitado, ansioso y preocupado porque a las 15hs tenía una reunión por Skype en el laburo y eran las 13hs y yo viendo la posibilidad de no morir en el intento de llegar a esa reunión a horario. Pero bueno, ya había tomado la pésima decisión de salir a la ruta un día laboral y encima con una hora fija a la que debería llegar a un destino y encima que tenga buena conexión a internet para encima después tener que buscar un lugar dónde dormir. Estas son las cosas que "estoy aprendiendo" a no hacer.

Traté de olvidarme de eso. Pensaba en que en algún momento iba a tener señal de celular e iba a poder decir: "No llego a la meeting. Gracias totales". Aunque el mensaje debería haber sido algo así como: "No sé si llego vivo a mañana. Sigan con el proyecto ustedes". No importa. "Pensá en otra cosa. Mirá lo que es este zarpado lugar. Pensá en positivo: 'terrible experiencia va a ser quedarse acá', ¿no?" -me decía solo...

De repente...

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... se despejó todo!

Pasé a estar arriba de las nubes y fue un flash de la manera que se abrió todo. Pareció que me pusieron unos lentes que hacían muy buen foco. Volví a recuperar la suficiente visión como para tranquilizarme un poco y bajar la ansiedad de llegar a destino. A algún destino.

Seguí, seguí, seguí bastante. Me crucé a un flaco andando a caballo por ahí. Sí, yo tampoco lo podía creer. Hacía 1°C y el flaco ahí, tiqui-tiqui a caballo. Yo me mando cualquiera, pero ese flaco me gana. Crucé algunos arroyos con un poco de miedo también, ya que el auto es bastante bajo y tenía miedo que le entre mucha agua, pero se la bancó re bien el loco. No tengo de qué quejarme... Es lo bueno de tener un mecánico de confianza (para otro post).

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Errante contemplando el paisaje

En el medio paré en El Trapiche, ya que me lo habían recomendado antes de salir del Hostel en el que estaba en Merlo. Di un par de vueltas por ahí, busqué WiFi, busqué un hostel y no encontré nada. Ni siquiera gente en la calle. Así que, aunque el lugar era hermoso (el pueblo montado a la vera de un río y entre las montañas -las calles pasan una por abajo de la otra con algunos puentes y vados que cruzan el río) decidí seguir viaje ya que todavía estaba a tiempo de llegar a la reunión si es que conseguía una conexión a internet.

Llegué a una YPF que estaba cerca de San Luis capital, probé la conexión y funcionaba bastante bien. Hago una prueba de Skype con mi primo y funcionaba bien, así que ya estaba listo para la reunión. Espero un rato ahí a que se haga la hora, aparece mi jefe y... "Charán", me dice que no se hace la reunión porque no sé qué y que encima no le cumplí con no sé que bosta y que esto y que el otro: :( . Hubo un mal entendido ahí y me bajoneó bastante. Por suerte ya está solucionado eso, pero yo me perdí de quedarme en El Trapiche que era mortal.

La verdad que @gilgamezh la pegó con la ruta que me recomendó hacer. Si bien tuve bastante miedo en varias oportunidades, la experiencia fue apasionante y el paisaje maravilloso. ¡Gracias @gilgamezh!

Podés ver todas las fotos acá

Juanjo Conti: Reseña de Xolopes en El Litoral

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El Litoral publicó una reseña de sobre novela Xolopes. Salió en el diario de ayer, jueves, así que si lo compraron o lo compró un vecino, seguro que aún no lo tiraron y la pueden leer en papel. Si no:

http://www.ellitoral.com/index.php/diarios/2014/06/26/arteyletras/ARTE-03.html

Homo ludens, homo narrans

por Diego Suarez

“Xolopes”, de Juanjo Conti. Automágica. Santa Fe, 2014.

Muchos escritores conciben el acto de escribir como una prolongación del acto de leer. Quien escribe transfigura sus lecturas no sólo de páginas impresas, sino también de otros signos, sentimientos, suposiciones, recuerdos, acontecimientos azarosos. “Escribir es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria para armar una imagen”, palabras de Juan J. Saer que aparecen en uno de los capítulos de Xolopes, de Juanjo Conti, y que de alguna manera delinean un plan de composición.

Xolopes podría considerarse novela sin narrador, o dicho de otro modo, novela en la que aparecen entretejidas tantas voces que pareciera no haber ninguna, con primeras personas que no se sabe de dónde provienen y terceras personas no menos sospechosas, con el agravante de que la consiguiente multiplicidad de relatos hace estallar la unidad de acción y termina por enloquecer la brújula de la trama. Es posible, sin embargo, establecer un punto por el cual cruzan todas estas rectas: Cancún. El lugar marca el tiempo del relato y todo pasa a ocurrir “antes” y “durante” Cancún, en un instante multifacético en el que confluyen sucesos simultáneos (muertes, conspiraciones, sueños, excursiones, almuerzos) con distintos protagonistas. Vemos actuar y oímos a vendedores ambulantes, empleados de hotel, vacacionistas y lunamieleros, en un entramado de géneros discursivos que van de la poesía a la crónica periodística, pasando por la fotografía, las recetas de cocina y hasta la bitácora de una revolución. La entonación que impregna el relato está signada por una ironía serena que no busca ser hiriente, sino más bien gozosa, carnavalesca.

Varios capítulos de la novela podrían considerarse autónomos, debido a sus atributos de microrrelato. El capítulo 69, por ejemplo, dice: “-¿Ese no es el animador de aquaeróbic? ¿Qué hace golpeando la puerta de una de las habitaciones?”. No identificamos quién pronuncia esas palabras, tampoco si se trata del fragmento de un diálogo o de un monólogo interior. Eso es todo, y esa línea alcanza y sobra para que el lector complete a gusto y piacere los intersticios del texto. Esta apertura a la participación del receptor en la creación de sentido es fomentada también por la estructura fractal y lúdica de la novela: 137 capítulos que por ejercicio de un ars combinatoria pueden ser recorridos alternativamente según hechos narrados y voces narradoras.

¿Cuántas veces hemos oído exclamar a alguien que acaba de contar una anécdota: “¡Yo tendría que escribir un libro!”? El autor de Xolopes debe ser uno de los pocos mortales que han hecho realidad ese proyecto, empleando la humilde técnica del personaje que en el capítulo 46 le comenta a otro huésped del hotel su afición a escribir cuentos. “Ah… hay que tener imaginación para eso”, dice el huésped, a lo cual el cuentista replica: “No tanta, me la paso recogiendo voces de otros”. A nadie se le escapa que la cosa no es tan simple, que se requiere algo más que eso. Discretamente, Conti sabe qué es y lo emplea con felices resultados.

Manuel Kaufmann (Humitos): Al Filo

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El Domingo pasado llegué a Merlo cerca del medio día. Si bien algo he estado aprendiendo en este mes y algunos días que estoy viajando, todavía me falta mucho. Pero una de las cosas que estoy teniendo en cuenta es viajar a otra ciudad / pueblo cuando esté tranquilo y tenga bastante tiempo para buscar un lugar dónde alojarme en esa ciudad al llegar, cosa de que cuando llegue la noche, tener a dónde caer muerto y no recién ahí empezar a buscar. Me pasó en Cura Brochero que cuando llegué me enteré que no había Hostels en la ciudad (otra cosita para tener en cuenta) y me tuve que ir a Mina Clavero -que está muy cerca igualmente- y ahí recién me puse a buscar pero enseguida se me vino la noche y ya las cosas se empiezan a complicar...

Entonces, llegué a Merlo y lo primero que hice fue ir a la oficina de Información Turística para ver qué ofrecían. Encontré que esto está bueno porque además de que conseguís lugares dónde hospedarte (igual, no te dan toda la info, solo la info de los que les pagan -cualquiera) también ya te queda la data de dónde podés ir a caminar o conocer cuando terminás de laburar y no ahí recién empezar a buscar. Así que, como estaba en auto y les dije que quería ir a algún lugar que tenga contacto con la naturaleza, me recomendaron ir a la reserva natural o al Filo.

Yendo para el Filo me encuentro que había que subir alta montaña para llegar ir a ese lugar que me mostró en el mapa -yo, ni sabía con qué me iba a encontrar. De hecho, sabía tan poco que me encontré con una montaña que mi auto casi no podía subir en algunas curvas. Tenía que poner primera y acelerar de a poquito para escalar esa montaña. El camino era hermoso y la vista maravillosa.

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Vista a mitad de camino yendo al Filo

Ahí mismo, en el lugar dónde saqué la foto, me puse a esperar unos chicos que iban caminando y que yo había pasado hacía un toque. Yo pasé despacito con el auto al lado de ellos esperando que me hagan dedo o algo así ya que estaban subiendo una cuesta muy pero muy empinada, no era algo para hacerlo a pata la verdad. Como no hicieron ninguna seña, seguí adelante nomás. Sin embargo, después me puse a pensar que capaz no se animaron o no me vieron o algo por el estilo. Entonces, decidí parar el auto y sentarme a esperarlos así les preguntaba qué onda.

"Che, yo voy para arriba, ¿quieren que vayamos todos juntos?". "Y... daaaaleee" -dice el flaco, que venía mirando hacia abajo hace más de 50 metros, casi casi como si estuviese haciendo fuerza con el cuello para dar el próximo paso. Descansaron un toque, yo saqué un par de fotos, charlamos un rato y seguimos viaje.

En el próximo parador bajamos y los chicos sacan unos cuántos sandwiches, me preguntan si comí y yo que no había masticado nada en todo el día, no podía estar más contento: sandwiches de salame y queso con un pan que los abrazaba dulcemente. Era casi una golosina para mí. Seguimos subiendo, más y más, nunca terminaba la montaña esta. Estábamos entre las nubes, era muy loco. A veces no se veía nada, todo blanco, y de repente se movían las nubes salía el sol y se veían todas las montañas Era excelente el clima.

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Parte del camino que recorrimos con Adriano y Ariana

Seguimos. Seguimos. Seguimos escalando las montañas y Errante me lo hacía notar. Tenía que parar a 0, poner primera, agarrar la curva bien abierta para que le cueste menos y pisarlo bastante. Así, le metimos como una hora más hasta llegar a la cima, dónde nos encontramos una confitería y un lago (que parecía artificial), además de un cartel que decía que estábamos en la frontera de Córdoba - San Luis, un poco de gente y algunas giladas más. Igualmente, lo mejor de todo era el paisaje.

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Arriba de las nubes

Después bajamos casi en picada. Era muy divertido y muy peligroso al mismo tiempo. Igual, tampoco había muchas opciones, no se podía ir ni siquiera a 40 Km/h así que estaba todo más que controlado, pero mientras los otros iban mirando el paisaje yo iba con los ojos clavados en la ruta y sobre todo en las piedras de los costados, que había unas cuantas que se habían desbarrancado y estaban sobre la ruta.

Mientras íbamos bajando, hablábamos sobre qué hacer al llegar. Como teníamos el día libre, decidimos seguir paseando, ellos para aprovechar el auto y yo para aprovechar la compañía :) . Así que, nos fuimos primero al Peñón Colorado, que es un mirador ubicado en el medio de la ciudad dónde se pueden apreciar a los que tienen mucha plata y ponen sus casitas en el medio de la montaña, a quienes también les podés llenar las piletas de baba, si te pinta.

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Vista desde el Peñón Colorado

De ahí, cuando bajamos, nos dimos cuenta que estábamos al toque del reloj de sol (que yo lo tenía en la cabeza por un post que había leído hace un tiempo ya y me intrigaba saber cómo era la onda). Así que, fuimos para ahí:

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Como pueden ver, eran las 16:30...

Seguimos hablando, "¿y ahora? ¿qué vas a hacer vos? ¿querés venir a comer en la cabaña en la que estamos parando a la noche?" -me dicen. Y entre que lo pienso y la reserva del hostel y que tenía un mugre terrible, les digo: "Bueno, me voy al hostel a bañarme y después nos juntamos". Por una cosa o por otra (supongo que porque pintó seguir estando juntos y había buenas vibras) decidimos ir a matear a la cabaña donde estaban parando ellos. Compramos unas facturas y arrancamos para allá.

Al llegar, largamos los mates con las facturas y en eso aparece Tatiana, que con el correr de la charla, entiendo que era la que estaba a cargo del complejo de cabañas en el que estábamos mateando. Charla que va, charla que viene, empezamos a hablar de la choripaneada que íbamos a hacer en la parrilla de ahí. Que sí, que no, terminó pintando asado completo e invitar a algunas personas más. Salimos a hacer las compras y, como se estaba haciendo de noche digo: "Muchachos, yo me voy al hostel a pegarme una ducha, acomodar mis cosas ahí y después vuelvo para acá"... "Pará. ¿Ya pagaste la noche de hoy?" -me dice Tatiana. "No todavía no pagué, solo dije que me iba a quedar a partir de hoy"; "Bueno, ya fue. Te quedás acá en una de las cabañas"... (si ya entraste al link, seguro que se te cayó la mandíbula al piso -yo tampoco lo podía creer)

Y así fue. Comimos un terrible asado, lavé los platos, acomodamos todo y me fui a dormir. Al otro día, me levanté temprano, trabajé bastante, la llevé a esta chica al hospital a buscar unos estudios y a unos lugares más, volvimos, organicé mis cosas y me fui a "otro hostel" ya que como no había avisado en el anterior no me dió la cara para caer a ese.

Por suerte, caí en Hostel Casa Grande que no me arrepiento ni un poquito de haber ido ahí. Muy buena onda, tanta, tanta que...

Acá pueden ver todas las fotos.

Joaquin Tita: Messi

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Manuel Kaufmann (Humitos): La habitación compartida

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"... Tenés la habitación compartida grande, que es para 14 personas, que te sale $90 y sino ya te vas a $110, pero la habitación es para 6 nomás..."

"Ok. Me quedo en la de $90 nomás, total, soy el único que está en el hostel."

Alejandro Santos: Eclipse Luna on Debian Wheezy Crash

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The crash is related to a version mismatch between GTK2, GTK3 and Debian's GLIBC. The relevant bug is here: https://bugs.eclipse.org/bugs/show_bug.cgi?id=430736

To force the use of GTK2 on Eclipse Luna you can try:
$ export SWT_GTK3=0
For a more permanent solution you can set the GTK version on the eclipse.ini file:
 --launcher.GTK_version
2
This option should be inserted before the --launcher.appendVmargs option.

And now you should be able to use Eclipse Luna on Wheezy.
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